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Soltar el miedo a la oscuridad para desplegar nuestra luz

Actualizado: 3 mar 2025


Todas las vidas empiezan en oscuridad. Las plantas nacen bajo tierra, los animales nos gestamos abrigados por un huevo, un capullo, un útero. Es en la oscuridad donde la semilla de la vida encuentra el abrazo, el calor, el alimento para existir y desarrollarse.


Aún así vivimos en un mundo obsesionado con la luz, con la claridad, deslumbrado con todo lo que brilla y resplandece. De a poquito hemos olvidado la sabiduría y la belleza que se esconde en las sombras, en lo que escapa a la luz, en todo lo que parece oscuro y tenebroso.


He pensado en esto una y otra vez desde hace unos meses, cuando descubrí que voy a ser mamá. Siendo un embarazo deseado, intencionado, buscado, pensé que cuando este momento llegara iba a vivir un tiempo de mucha luz, claridad y expansión. Pero fueron pasando los días, los meses y fui entrando en una cueva inmensa llena de oscuridad.


No solo fueron los mareos, las náuseas, la indigestión, sino que también empezaron a salir todos los miedos que nunca había visto, todos los monstruos que viven dentro de mí y que nunca había dejado salir. Eli, mi terapeuta, dice que las mujeres guardamos en el útero todos nuestros miedos y secretos más profundos, esos de los que ni siquiera nosotras mismas somos conscientes. Cuando llega una semilla-bebé a hacerse casita ahí, en nuestro útero, empieza a limpiar todas las energías que tienen que salir para que ella pueda crecer tranquilamente; el vómito, los miedos, la hipersensibilidad son todas manifestaciones de esas energías ocultas que empiezan a revelarse.


Aurora llegó a hacerse una casita dentro de mí y estos 7 meses han sido volver a entrar en mi útero, hacerme cuevita y mirarme en la belleza de todo lo que existe en mi oscuridad. En este camino he regresado muchas veces a las palabras que compartió Taita Lorenzo Muelas, de la comunidad Misak, una noche sentados frente al fuego: “En el vientre de la madre estamos en la oscuridad; las semillas necesitan oscuridad para existir porque todos somos luz y oscuridad”. Hasta ese momento siempre había pensado, como me enseñaron, que la luz era todo lo bueno y que la oscuridad era todo lo malo… ¿podría ser diferente?


Aurora y yo


Meses después a medida que caminaba el Putumayo, la selva me fue enseñando que cuando los árboles crecen todo su camino es una danza entre la luz y la oscuridad.


La semilla del árbol se gesta en la oscuridad y cuando está lista para germinar despliega su primera raíz, que crece hacia abajo como intentando abrazar el fondo de la tierra. Ahí encuentra el alimento y la fuerza para elevarse hacia la luz, entonces despliega el tallo y sus hojas. Sin esa raíz que abraza la oscuridad, el tallo y las hojas no podrían nacer en la luz.


A medida que la planta va creciendo, necesita extender su raíz un poco más en la oscuridad para poder crecer un poco más hacia la luz. Si la planta decidiera no echar más raíz, su tallo y sus hojas dejarían de crecer porque no podría conseguir el alimento que le da la fuerza para seguir elevándose. Voy comprendiendo que desplegar toda nuestra belleza, es una conversación entre una parte de nosotros que crece en la oscuridad y otra parte de nosotros que crece en la luz. Es como si atravesar la oscuridad nos diera el carácter, la fortaleza, la sabiduría que necesitamos para elevarnos un poquito más hacia la luz. 


Ilustración para @hola_mundos_ | Ver publicación completa aquí


La naturaleza, la sabiduría de las plantas, el conocimiento ancestral nos enseñan que para crecer en la luz necesitamos atravesar la oscuridad; y aún así construimos nuestra vida, nuestro pensamiento, las historias que nos tejen y los sistemas que gobiernan nuestro mundo en una obsesión permanente con la luz. Y sí, somos mucha luz, pero olvidamos que también somos oscuridad.


Aurora me ayudó a recordarlo; ella llegó invitándome a entrar en mi oscuridad más profunda, en ese mundo que existe dentro de mí y que por mucho tiempo había ignorado. En psicología este lado oscuro y reprimido de nuestra personalidad se le conoce como “la sombra”; está formada por todas las experiencias, traumas, emociones, recuerdos de nuestra vida que son demasiado dolorosos y no sabemos cómo navegar, entonces nos negamos a aceptarlos con nuestra mente consciente y los escondemos en el inconsciente. 


La sombra existe en el inconsciente individual de cada persona, pero también en nuestro inconsciente colectivo. Es decir, además de que cada persona tiene su propia sombra, como humanidad tenemos una sombra colectiva formada por esos símbolos, experiencias, traumas, dolores que compartimos todos los seres humanos, pero que negamos y mantenemos reprimidos en lugares remotos de nuestra mente.


La autora Debbie Ford propone que cuando nos negamos a nosotros mismos una salida segura para expresar nuestro lado oscuro y reprimido, toda esta energía se acumula y se convierte en una fuerza autodestructiva. Las guerras, las injusticias sociales, la desigualdad son manifestaciones de esa sombra colectiva que no nos hemos permitido ver, integrar y sanar.


Tal vez todas las fuerzas autodestructivas que experimentamos hoy como humanidad, son la puerta de entrada a nuestro lugar más oscuro y vulnerable, al lugar donde habitan nuestros miedos más profundos, los monstruos, las heridas y traumas que llevan mucho tiempo escondidos. Tal vez esta sensación de que estamos entrando en “tiempos oscuros” en realidad significa que estamos entrando en nuestra propia sombra, en los misterios escondidos de nuestro mundo inconsciente.


Ilustración 55 El Libro Rojo de Carl Jung


¿Y si soltamos ese miedo a la oscuridad? ¿Y si simplemente aceptamos que la vida, la naturaleza, las sociedades, la política transitan todo el tiempo en un movimiento cíclico entre la luz y la oscuridad? 


Nuestra obsesión con la luz nos ha llevado a negar y reprimir esa parte de nosotros que es tan vulnerable, que tiene tantos miedos, traumas y dolores. Tal vez en este momento necesitamos dejar de pelear con todo lo que esa sombra nos muestra y simplemente aceptarla como una parte de nuestro ser, entrar en ella con calma, abrazar todos los monstruos que viven allí, reconocer esas heridas que llevan tanto tiempo esperando ser vistas y sanadas, contemplar la belleza que existe en la oscuridad y encontrar los tesoros ocultos en el fondo de nuestro mundo inconsciente.


Si nos atreviéramos a caminar con curiosidad esas cuevas inmensas y oscuras que hay adentro; si como los árboles, nos permitiéramos danzar con fluidez entre esas partes de nosotros que crecen en la luz y las que existen en la oscuridad; si recordáramos que la oscuridad de la tierra, de un útero, de un capullo es el lugar en el que las semillas encuentran el abrigo y el alimento para germinar; tal vez podríamos reconciliarnos con nuestra propia sombra y encontrar en ella ese terreno fértil, para sembrar semillas de nuevas vidas y nuevos mundos en los que podamos tejer una vida en armonía.


Las palabras de Taita Lorenzo me recuerdan: “Puedes germinar, puedes ir creciendo en medio de la luz del sol, solo a medida que tu raíz va entrando en los niveles más profundos y oscuros de la tierra. Una cosa no pasa sin la otra, porque para entender los niveles más luminosos, primero necesitamos atravesar los niveles más oscuros. Esa es la lógica de la naturaleza.” Tal vez solo necesitamos soltar el miedo a la oscuridad y darnos el permiso de mirarla, caminarla, sanarla, recibir los regalos bonitos que tiene para nosotros, encontrar en ella la sabiduría para desplegar toda nuestra luz como humanidad.


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