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Encontrarnos con la Tierra

Actualizado: 23 jun 2024



¿Qué es la Tierra? ¿En qué pensamos cuando pensamos en ella?


Para mí la tierra siempre fue el planeta en el que vivo; la casa de muchos seres, bosques, ríos, pensamientos. Para otras personas, la tierra es una parcela donde está la finca, las vacas y se siembran los alimentos. Otros verán la tierra como una propiedad que se compra, se vende, se usa para producir, se capitaliza. En cambio, los pueblos ancestrales hablan de la “Madre Tierra” y esa siempre me pareció una metáfora poética y bonita para nombrar este planeta.


Lo que no había entendido, es que para las comunidades indígenas la tierra es LITERALMENTE la mamá. Hasta que un día mi amigo Hugo, que pertenece al pueblo Kamëntšá me dijo: “Es que para ustedes la tierra es un medio de producción, algo que se puede comprar y vender. Pero para nosotros la Tierra es nuestra mamá, es la madre dadora de vida que hace posible que todos los seres de la tierra existamos; desde nuestra visión originaria es inconcebible vender la tierra, porque tú no andas partiendo a tu mamá en pedacitos y vendiendo una mano, un pie, un dedo…”


Ahí entendí que “Madre Tierra” no es una metáfora ni una analogía; para muchas personas es la realidad cotidiana que lo define TODO en la vida. Y empecé a preguntarme qué significa ver la tierra como mi mamá.


Le pregunté a las plantas de mi casa cuando las regaba y limpiaba sus hojas. Salí a colgarme a los árboles y a contemplar el mundo desde la ramita de un mango: ¿Qué significa que la Tierra sea mi mamá? Caminaba por la calle y le preguntaba al viento, a los pájaros, a las hojas que caían al suelo.


Entonces decidí hacer un viaje buscando el espíritu de la Tierra. Ella por supuesto está en todas partes, pero hay lugares donde es más fácil encontrarla. Caminé el Cauca, Putumayo, la Sierra Nevada, visité muchos lugares sagrados y le pregunté a las montañas, las lagunas, los páramos, a las mamitas y taitas que conocí en el camino.



¿Qué significa que la Tierra sea mi mamá? ¿Ella estuvo en embarazo de mí?


Para el pueblo Nasa, el embarazo es un acto de sembrar semilla, sembrar un nuevo ser; y el útero de la mamá es un canal a través del cuál se expresa toda la fertilidad y la fuerza creativa de la Tierra. Isadora, una amiga Nasa, me enseñó que mi mamá humana porta en la biología de su cuerpo toda la sabiduría de la tierra; y la naturaleza a través de mi mamá, me tejió en su útero, me regaló un corazón y un cuerpo, me alimentó y me preparó durante 9 meses hasta el momento en el que estaba lista para nacer, osea, germinar.


Germinamos y empezamos a crecer gracias a que la Tierra nos sigue tejiendo cada día y a cada instante. Los alimentos que nacen del suelo fértil y que luego llegan a mi mesa, dibujan y expanden los tejidos de mi cuerpo; el agua de los ríos y quebradas es la misma que llega a mi casa, entra en mi cuerpo y luego empieza a fluir por mis venas; la madera de los árboles, el cemento que sale de la cal de las montañas, incluso el hierro y los metales son elementos que nos regala la Tierra y gracias a los cuáles construimos nuestras casas. 


Por eso, en todas las comunidades ancestrales que visité, se le pide permiso y se le agradece a la Tierra todo el tiempo. Al despertarse, al tomar la palabra en una conversación, al recoger la cosecha. Por ejemplo en los palabreos (círculos de palabra alrededor del fuego), cada persona que habla empieza por agradecerle a la Madre Tierra la posibilidad de estar aquí hoy, por el alimento y la cosecha, por el calorcito de un hogar, por haberle dado vida a los ancestros gracias a los cuales llegamos a este mundo, por la lluvia si llueve o por el sol si hace sol; para ellos, saber que la Tierra es la mamá es también la práctica cotidiana de agradecerle por todo lo que nos brinda para existir. En este viaje también empecé a agradecer.


Aunque los hijos crezcamos y nos hagamos independientes, la mamá siempre está ahí cuidándonos, acompañándonos, dándonos su amor. Édgar y Lorenzo, dos amigos Misak, me enseñaron que la Tierra nos regala su amor con las flores y el canto de los pajaritos, que el viento son las caricias de la mamá. Nunca antes como en este momento había visto la naturaleza como esa compañera silenciosa y discreta, que casi siempre pasa desapercibida pero que todo el tiempo nos está acompañando, abrazando, sosteniendo. Desde ese día camino cualquier lugar y saludo a los árboles, le agradezco a las florecitas por toda la belleza, siento la compañía del sol. Ahora cuando estoy triste voy a abrazar árboles, a tocar la Tierra, y ella me dice que confíe, que está aquí conmigo.


Encontrarme con la Tierra fue tan simple como darme cuenta de su presencia y su compañía incondicional. Aprender a sentir su amor fue apagar el ruido del mundo, hacer silencio para escucharla y sentir su presencia en cada tejido de mi cuerpo.


Conversando con jóvenes Arhuacos, Wiwa, Kankuamos, ellos todo el tiempo me recordaban: “sin la Tierra no somos nada, no podemos ni siquiera concebir la existencia”. Pero nosotros construimos un mundo desconectado de la Tierra, olvidamos la realidad básica de que dependemos completamente de ella. Tal vez encontrar salidas a las crisis de la vida y de la naturaleza, empieza por volver a encontrarnos con la mamá ¿Ustedes cómo se encuentran con ella?

 
 
 

2 comentarios


Invitado
23 abr 2024

Senti cada una de tus palabras como si estuviéramos frente al fuego relatando la historia que nos lleva de vuelta al origen. Gracias

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Invitado
23 abr 2024

Gracias por buscar crear consciencia compartiendo tu realidad y tu historia. Me ayudaste a recordar que luego de años cuidando mis árboles, flores y plantas que cuidé con tanto esmero, y que hoy ya no puedo ver, ellos al ser naturaleza me dicen, aquí estamos, el amor que nos diste no requiere frecuentación, estaré donde estés Juan.

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