El futuro está en las raíces
- Maira Duque A

- 24 jun 2024
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 25 jun 2024
El año pasado hice el viaje más increíble de mi vida y este fin de semana gracias a la invitación de www.pluriversa.org, estuve compartiendo las historias y aprendizajes que traje conmigo. Aquí recojo algunos de los momentos más bonitos que se fueron tejiendo alrededor del fogón, las raíces y el futuro.
Este viaje empezó en Sibundoy. Aquí cada febrero se celebra el Bëtsknaté, el año nuevo de la comunidad indígena Kamëntšá; es el día grande en el que todos los Kamëntšá que están en cualquier lugar del mundo regresan a Sibundoy, su lugar de origen para encontrarse con su familia, sus raíces, sus lugares sagrados. Llegué a Sibundoy en febrero del 2023 porque Hugo Jamioy nos había invitado a varios amigos y mí; y aquí en medio de la celebración, mientras cientos de personas tocaban los bombos que retumban como un corazón ¡BUUUM! ¡BUUUUM! ¡BUUUUM! me sentí dentro del corazón Kamëntšá y algo se despertó en mi corazón. (Aquí algunos videos y fotos del Bëtsknaté)
Cuando regresé a Medellín solo quería llorar y escuchar la música que escuchaba en Sibundoy. Pasé 2 semanas en mi casa haciéndome cuevita, llorando, sintiendo cómo la energía de la Tierra se estaba empezando a abrir paso en mi corazón… aunque esto lo entendí después; ahí decidí que iba a volver al sur. En mi diario escribí: “Este viaje es para encontrarme con la Tierra que es mi mamá; y para encontrarme con la Tierra necesito expandir mi corazón: darme cuenta de que soy una con los árboles, con los pájaros, con todos los seres de la naturaleza.” (Leer "Encontrarnos con la Tierra")

En julio llegué al Cauca y la vida me fue haciendo camino para pasar unas semanas en el resguardo de Guambía, territorio Misak. Mis amigos Andrés Tombé, Julieth Morales, y personas muy bonitas que conocí en el Jardín Botánico de Guambía me abrieron las puertas de sus fogones. Aquí la vida gira alrededor del fogón: hay fogones no solo en las casas familiares sino también en las casas del pensamiento, en los lugares de encuentro comunitario, en las universidades indígenas. No existe la sala de la casa porque todos nos encontramos en el fogón de la cocina; alrededor del fogón se toman las decisiones más importantes para la familia y la comunidad, pero el fogón también es el principal espacio de formación para las niñas, niños y jóvenes, porque es el lugar donde regresamos a las historias y leyes de origen, el lugar donde se tejen y destejen las espirales del pensamiento y de la vida.
No sólo encontré fogones en el Cauca; también en Nariño, Putumayo, la Sierra Nevada. Para las comunidades ancestrales venir al fogón es volver al corazón, volver al origen de cada pueblo, volver a la esencia de lo que es cada persona. Por eso cuando alguien comparte su palabra alrededor del fogón, primero le agradece a la Madre Tierra, al Padre Sol, a las ancestras y ancestros que hacen posible su presencia aquí y ahora. Encontrarse en el fogón es aprender a hacer silencio para escuchar lo que dice el sonido del fuego, los grillos, el viento… es compartir la palabra solo cuando ella se abre paso desde el corazón, no desde la mente sino desde el corazón; esta fue y sigue siendo la parte más difícil para mí. Escribí en mi diario: “Lo que el mundo necesita es un fogón; venir al fogón es volver a escuchar nuestro corazón, devolverle el corazón al cuerpo.” (Leer "Sanar las palabras")

Cuando llegué al Putumayo me sentí muy perdida. El medio y bajo Putumayo no era nada de lo que yo pensaba; en los pueblos a los que llegaba no era fácil conectar con comunidades ancestrales y caminé muchas semanas desubicada, intentando encontrar un fogón para compartir con abuelas y abuelos... pero no lo lograba. Mientras caminaba El Fin Del Mundo (una reserva natural cerca a Mocoa), mi amigo Armando me dijo: “Maira, el lugar que estás buscando no es un lugar físico, es un estado de conciencia”; entonces escribí en mi diario: “Meterse en el bosque es meterse dentro del cuerpo, a los lugares más profundos de uno mismo. Hay lugares que uno busca afuera pero que en realidad están perdidos adentro… ¿Cuáles son mis lugares perdidos?”
Me puse la mano en el corazón y le pedí que me mostrara el camino. Unos días después llegué a La Realidad, que es la casa de Tania, David y una escuela de saberes andino-amazónicos para reconectar con las sabidurías ancestrales de este territorio. Pasamos días frente al fueguito del altar, compartiendo y conversando sobre la raíz; Tania que es una mujer tan joven y tan sabia me compartió: “Hay estructuras que parecen muy sólidas y que nos dan una sensación de seguridad, pero que en realidad son muy jóvenes; son semillas que no tienen capacidad de ser raíz porque son transgénicas. El mundo occidental lo que necesita es echar raíz, sembrar semillas que echen raíz.”
Echar raíz es volver a la sabiduría de la Tierra. Las raíces crecen abrazando la Tierra, caminando hacia las profundidades de la Tierra para conectar con su energía, su alimento, su conocimiento. Un árbol sin raíz o con sus raíces lastimadas es un árbol enfermo; no solo le falta el alimento sino que en algún momento de su vida empieza a tambalearse y puede caer porque las raíces son la base que lo sostiene en pie. Este mundo es un árbol que olvidó que solo puede existir aferrado a la Tierra; yo soy un árbol y olvidé que existo gracias a la Tierra. Escribí en mi diario: “Mi lugar perdido son mis raíces, mi linaje, mis abuelas, la Tierra que es la mamá de todo lo que existe. Volver a mi raíz es recordar a todos los seres que desde hace tanto tiempo han compartido su energía para que mi presencia exista aquí, en este momento y en este lugar. Esta historia está en mí, guardada en la memoria de mis células.”

Después de casi 2 días de viaje desde Putumayo llegué a la Sierra Nevada, “el corazón del mundo” como nos comparten los pueblos que cuidan este lugar sagrado. En la Biblioteca y Casa de la Memoria indígena, mientras bailábamos dibujando una espiral alrededor del fuego con jóvenes Arhuacos, Wiwas y Kankuamos, recordaba las palabras del mayor Gunadule Abadio Green: “Muchos dicen que perdimos el norte, pero yo insisto en que perdimos fue el centro, nos alejamos del corazón de la Madre”. Tal vez encontrar un futuro no es caminar hacia ningún norte ni a ningún sur, sino volver al origen, volver a todo lo que ha hecho y sigue haciendo posible nuestra vida. Volver a la raíz no es devolverse en el tiempo hacia el pasado, como muchos podríamos imaginarnos, sino más bien volver al centro, volver al fogón, volver al corazón de la Tierra y de nosotros mismos; tal vez allí encontremos los caminos perdidos para imaginar mundos realmente diferentes.

















































Comentarios